El mundo del tequila no solo se mueve en los grandes nombres que vemos en cada barra o supermercado. Detrás de muchas botellas hay un modelo de negocio que ha impulsado el crecimiento de nuevas marcas: la maquila de tequila.
Este sistema permite que emprendedores, inversionistas o empresas creen su propia marca sin necesidad de contar con una destilería propia. A través de la maquila, un productor autorizado por el Consejo Regulador del Tequila (CRT) se encarga de elaborar la bebida siguiendo todos los estándares oficiales, desde la cocción del agave hasta el embotellado.
Lo interesante es que este esquema no sacrifica la calidad. Muchas casas tequileras ofrecen distintos perfiles de tequila —blanco, reposado, añejo— adaptados al mercado que busca el cliente: desde propuestas premium hasta opciones de mayor volumen. Así, la maquila se convierte en una vía estratégica para llevar al mundo nuevas etiquetas que, aunque comparten el mismo origen en los campos de Jalisco, expresan estilos únicos según la visión de cada marca.
En un contexto donde el tequila es la bebida mexicana más exportada del mundo, la maquila no solo fomenta el emprendimiento, sino que también preserva el valor del agave y el legado cultural detrás de cada copa.